En una época marcada por vertiginosos avances científicos y tecnológicos, por crisis ambientales globales, por discursos pseudocientíficos y noticias falsas (fakenews) que circulan sin control en las redes sociales y por dilemas éticos emergentes asociados a la inteligencia artificial, la biotecnología y el cambio climático, la formación ciudadana se ha convertido en una de las tareas más urgentes de la educación contemporánea. La sociedad actual demanda ciudadanos capaces no solo de consumir información, sino de analizarla críticamente, de comprender sus interrelaciones, de identificar sus elementos estructurantes y de tomar posturas fundamentadas después de un ejercicio reflexivo y deliberativo. En este contexto, la enseñanza de las ciencias naturales adquiere un lugar central: no se trata ya solo de formar futuros científicos o personas con alto interés en ciencias, sino de formar personas que puedan comprender el mundo en que viven, intervenir en él con criterio y participar activamente en las decisiones colectivas que afectan sus vidas y las de las futuras generaciones.
Sin embargo, esta formación no puede sostenerse sobre las bases de una enseñanza tradicional que ha privilegiado la transmisión de contenidos enciclopédicos, el rol expositivo del profesor, la memorización de definiciones, la enseñanza de la teoría únicamente, y en el mejor de los casos, la inclusión de un trabajo de laboratorio desvinculado de la teoría y sin reflexión epistemológica. Como señalan Izquierdo et al. (2016), la enseñanza de las ciencias ha sido dominada durante décadas por una visión acumulativa, ahistórica y aséptica del conocimiento, que presenta la ciencia como un conjunto de verdades acabadas y la tecnología como aplicaciones neutrales, desactivando así su potencial ciudadano. Frente a esta tradición, en las últimas décadas la Didáctica de las Ciencias ha venido orientándose hacia enfoques centrados en el estudiante, en el trabajo colaborativo, en el desarrollo de pensamiento crítico a través del desarrollo de la comunicación y modelización, y la formación ciudadana.
En este nuevo horizonte, el desarrollo de pensamiento crítico emerge como un proceso complejo que integra múltiples dimensiones: el desarrollo socioemocional, el uso del lenguaje como herramienta de pensamiento, la resolución de problemas auténticos, la toma de postura fundamentada y la autorregulación de los propios aprendizajes. Pero para que este pensamiento crítico pueda desplegarse plenamente en el aula, es necesario que tanto profesores como estudiantes interactúen con los avances tecnológicos del momento de manera contextualizada, asumiendo que la incorporación de tecnologías digitales no es un fin en sí misma, sino una oportunidad para repensar las prácticas pedagógicas y para acercar la ciencia escolar a las realidades cotidianas de los estudiantes.
Es precisamente en este punto donde las metadisciplinas —la Historia de las ciencias y la Filosofía de las Ciencias, articuladas con la Didáctica de las Ciencias— adquieren su lugar fundamental. Como se desarrolla ampliamente en la obra de Izquierdo et al. (2016), la Historia de la Ciencia nos permite mostrar la ciencia como una actividad humana, reconocer sus limitaciones, sus contextos y sus protagonistas, así como identificar las preguntas genuinas que dieron origen a los conocimientos que hoy enseñamos. La Filosofía de la ciencia, por su parte, nos proporciona herramientas para comprender la naturaleza del conocimiento científico, sus criterios de validez, sus relaciones con la sociedad y sus diferencias con discursos no científicos. En conjunto, estas metadisciplinas ofrecen al profesorado un conocimiento más profundo sobre las transformaciones que la ciencia y la tecnología han producido en la sociedad, y sobre cómo esas transformaciones han sido, a su vez, moldeadas por contextos históricos, valores y dinámicas sociales.
Desde esta perspectiva, la formación ciudadana se ve fortalecida porque docentes y estudiantes pueden reconocer la ciencia como una construcción humana, realizada por científicos y científicas que trabajan de manera colaborativa, en contextos institucionales y culturales específicos, con aciertos y errores, con avances y retrocesos. Pueden comprender la importancia de la divulgación académica basada en evidencia, el papel del Estado en el fomento de la investigación, los desafíos que enfrentan las minorías para ser reconocidas en la Historia de la Ciencia, y las implicaciones éticas de los desarrollos tecnocientíficos. Este enfoque contribuye, además, a superar visiones deformadas de la ciencia próximas a las positivistas —como la del método científico único y lineal, o la de una ciencia que excluye sistemáticamente a las mujeres, minorías étnicas y otros colectivos, y el asumir verdades absolutas, entre otros—, sustituyéndolas por una imagen de ciencia más próxima a los acuerdos actuales de la filosofía de la ciencia: una ciencia entendida como práctica social, contextualizada, provisoria y profundamente humana.
La línea de investigación que aquí se presenta asume estos fundamentos como su columna vertebral. Se propone indagar, desde un enfoque constructivista y metadisciplinar, cómo el desarrollo de pensamiento científico y tecnológico en la escuela puede contribuir a la construcción de ciudadanía crítica, participativa y comprometida con los desafíos del siglo XXI. Nos interesa explorar cómo la integración de la historia, la filosofía y la didáctica de las ciencias puede transformar las prácticas de aula, formar docentes con una comprensión más rica de su disciplina, con aportes de diferentes tecnologías y, en última instancia, ofrecer a los estudiantes las herramientas intelectuales, emocionales y éticas para habitar y transformar el mundo.
Le invitamos a ser parte de esta aventura intelectual. Si cree, como nosotros, que enseñar ciencias es un acto político y ético de construcción de ciudadanía; si le interesa indagar cómo las preguntas perdidas de la historia pueden iluminar el aprendizaje de nuestros estudiantes; si quiere contribuir a que la escuela forme sujetos capaces de pensar por sí mismos, de dialogar con otros y de posicionarse críticamente ante los desafíos del presente, esta línea de investigación es su lugar.
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Director
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Investigadora
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Investigadora
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Estudiante de doctorado
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Estudiante de doctorado
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Estudiante de doctorado
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Estudiante de doctorado
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Estudiante de doctorado
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Estudiante de doctorado
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