Cuando se piensa en la clasificación de los seres vivos diversos recuerdos se cruzan por la mente desde aquellos relatos de cómo Aristóteles empezó a estudiar los organismos, a diferenciarlos y nombrarlos, hasta cómo se reconocen y se agrupan los organismos a partir de análisis moleculares (Fernández Medina, 2012). Desde una mirada objetiva, se observa que es muy poco el conocimiento indígena, afro o campesino (tradicional/local) que se ha divulgado, y eso reafirma que, en su mayoría, la difusión del conocimiento sobre clasificación de los seres vivos, ya sea por la enseñanza u otros métodos, solo obedece a perspectivas eurocéntricas; todo eso, a su vez, nos lleva a percibir la clasificación de los seres vivos como una oportunidad de decolonización del conocimiento desde la formación inicial de profesoras y profesores.