Colombia ha sostenido una violencia sostenida a pesar de que se han promovido, desde la independencia, algunas transformaciones políticas y cambios en lo constitucional. Así, resulta paradójico que las reflexiones y soluciones políticas no hayan logrado contrarrestar este fenómeno; todo lo contrario, periodos en los que ha crecido la violencia han tenido en su telón de fondo soluciones políticas previas. Los casos más emblemáticos podrían ser el proceso de regeneración, la implementación de la constitución de 1886 y la guerra de los mil días.
Colombia presentó dos periodos de violencia homicida: el primero entre 1948 a 1966 y el siguiente de 1980 a 1993. En este último periodo, 1991 reportó una de las tasas más altas de homicidio de 79 por 100000 habitantes (Bello, 2008, p. 75). El homicidio fue durante los noventa una de las principales causas de muerte, resultado de la violencia política, el narcotráfico y el crimen organizado. La Constitución Política de 1991 se gestó e implementó en medio de este contexto. Así, mientras el país creaba transformaciones en sus normas y leyes dando alcance a la Constitución Política, las cifras de violencia aumentaban y los actores armados mostraban mayor capacidad de organización y expansión. El crecimiento de las violencias y de los grupos se dio a lo largo del territorio nacional sostenido, en buena medida, con los dineros del narcotráfico, las extorsiones y el secuestro. En este mismo periodo, las fuerzas militares se fortalecen con la ayuda del Plan Colombia bajo el apoyo de los Estados Unidos