“Las cuchas tienen razón”; “Moms for Liberty” no. Y es que con alguna sorpresa, pero no demasiada, se ha recibido la noticia de que la obra más importante de la literatura colombiana y de toda la literatura en lengua española del último siglo, Cien años de soledad, aparece en la lista de obras censuradas en Estados Unidos por ‘Moms for Liberty’, organización que rechaza la inclusión de temas relacionados con raza, origen étnico y derechos de la comunidad LGBTIQ+, en planes de estudios escolares.
Este índice de libros prohibidos en centros de estudios de Estados Unidos, califica de “no apropiadas” para ser leídas por los maestros en las escuelas obras que contengan referencias ocasionales a temas como diversidad de género, sexualidad (explicit graphic sexual content) o crítica a las estructuras sociales tradicionales. La condena a la literatura y el control a los libros no es nuevo y está más vivo que nunca. Este índice evoca aquel Index librorum prohibitorum que condenaba obras calificadas de heréticas, inmorales o perniciosas, de acuerdo con los censores medievales y de aquellos tiempos en los que medraba el Tribunal de la Inquisición.
Si bien muchas de las listas de libros censurados están encabezadas por obras que abordan en particular referencias al género, ya la lista incluye autores que tratan asuntos políticos, controversias ideológicas, reclamos contra las posturas hegemónicas. Mas la lupa está puesta en todas aquellas obras que hablen de la iniciación sexual de los personajes o de experiencias eróticas lo que extiende la condena a muchos clásicos literarios, incluyendo una obra como Orlando, una biografía, de Virginia Woolf.
En la lista que denuncia la organización Pen America aparecen los siguientes nombres ilustres: Chimamanda Ngozi Adichie, Isabel Allende, Maya Angelou, Saul Bellow, Raymond Chandler, J.M. Coetzee, Ralph Ellison, Louise Erdrich, Gustave Flaubert, Gabriel García Márquez, Thomas Hardy, Herman Hesse, Joseph Heller, Aldous Huxley, Barbara Kingsolver, John Milton, Toni Morrison, Haruki Murakami, Ovid, Marcel Proust, Philip Roth, Arundhati Roy, William Styron, Amy Tan, Viet Thanh Nguyen, Kurt Vonnegut Jr., Richard Wright, Tom Wolfe, la ópera Cenicienta y la obra de teatro M. Butterfly de David Henry Huang.
En entrevista a CNN (2023) Moms for Liberty deja claro que su intención no es “censurar” libros, pues cada quien puede escribir, publicar, comprar libros, libremente. Pero sus miembros, en su mayoría madres de familia adscritas al partido republicano y al ejercito de activistas del senador Ron DeSantis, propenden por la formación de un comité que establece qué contenidos pueden leerse en las escuelas.
Y digo que la noticia no resulta muy sorprendente, pues el mismo tipo de mojigatería y precariedad mental se viene ejerciendo sobre la literatura en líneas generales, cuando se reviste el discurso literario de un aire edulcorado, por ejemplo, cuando se presentan a los jóvenes y a los niños versiones de las obras tradicionales en donde se ha retirado todo tipo de alusión a los temas que pueden generar controversia, discusión política, reflexiones sobre el género y distancia crítica ante las cuestiones ideológicas.
Lo que de alguna manera resulta evidente es la intención de imponer en las escuelas una literatura despojada de su dosis de imaginación e irreverencia, o la idea de conducir las fábulas y sus interpretaciones hacia la moral dominante en curso. Hasta los cuentos de hadas, si leemos con atención, tienen una alta dosis de perversidad y de dolor, de riesgo y aventura, de gratuidad y libertad, de situaciones que llevan al personaje a romper los límites, a romper las reglas, a extraviarse, a exponerse, a escapar o a explorar de manera libre, intensa y violenta su universo pasional; la literatura es un discurso que declara a los cuatro vientos que nada escapa a sus reflexiones: el amor y el odio, la gracia y la fealdad, la espera tortuosa y la alegría, la exultación, el júbilo o la desidia; la salud y la enfermedad, la vida y la muerte.
La noticia de la censura es anodina, en especial cuando no era necesaria, porque la realidad es que en nuestro medio (hablo incluso de estudiantes de literatura) es cada vez más raro que los jóvenes de nuestra época lean Cien años de soledad o que los profesores aborden sin prejuicio la obra de Gabriel García Márquez. En el mejor de los casos juzgan las obras que leen por el volumen de páginas y se prefiere abordar un relato más breve o un cuento, para salirse por la tangente.
Y es que ‘Moms for Liberty’ tiene razón, desde esa estrecha perspectiva, en censurar una novela en donde como se vive la geografía y la política de un continente, se vive el rapto del amor, el deseo, las pasiones y los arrebatos de la piel, con un frenesí avasallador. Y es que en Cien años de soledad hay una amplia galería de amores etéreos, prohibidos, inalcanzables, refrenados; ambula por la obra una hueste de amantes, víctimas del amor, abrazados por intensas pasiones, lanzados a la aventura o atenazados por el vértigo, el temor, el miedo y el ardor.
El amor en esta obra se vive como en una amplia galería de pasiones humanas, de modo que en la misma novela encontramos momentos en donde el amor es sometido al velo de la moral, a la costumbre y a la franca domesticación, como episodios en donde se experimenta el amor como arrebato, choque pasional o batalla corporal.
A modo de ejemplo, veamos —dejo nota de que puedo ser censurado por abordar este episodio— uno de los pasajes inaugurales de la novela, un momento de iniciación, un encuentro que podríamos calificar de erótico, que se vive en medio del pasmo y la locura, el primer encuentro entre José Arcadio y Pilar Ternera. El fragmento, que encontramos en el segundo apartado de la novela, nos cuenta que José Arcadio, atraído por Pilar Ternera, hasta su casa…
Permaneció inmóvil un largo rato, preguntándose asombrado cómo había hecho para llegar a ese abismo de desamparo, cuando una mano con todos los dedos extendidos, que tanteaba en las tinieblas, le tropezó la cara. No se sorprendió, porque sin saberlo lo había estado esperando. Entonces se confió a aquella mano, y en un terrible estado de agotamiento se dejó llevar hasta un lugar sin formas donde le quitaron la ropa y lo zarandearon como un costal de papas y lo voltearon al derecho y al revés, en una oscuridad insondable en la que le sobraban los brazos, donde ya no olía más a mujer, sino a amoníaco, y donde trataba de acordarse del rostro de ella y se encontraba con el rostro de Úrsula, confusamente consciente de que estaba haciendo algo que desde hacía mucho tiempo deseaba que se pudiera hacer, pero que nunca se había imaginado que en realidad se pudiera hacer, sin saber cómo lo estaba haciendo porque no sabía dónde estaban los pies v dónde la cabeza, ni los pies de quién ni la cabeza de quién, y sintiendo que no podía resistir más el rumor glacial de sus riñones y el aire de sus tripas, y el miedo, y el ansia atolondrada de huir y al mismo tiempo de quedarse para siempre en aquel silencio exasperado y aquella soledad espantosa.
García Márquez, 2025, p. 37.
La novela nos habla de “abismo de desamparo”, de “tanteo en las tinieblas”, de “un terrible estado de agotamiento”, de “una oscuridad insondable”. Son términos que nunca describen a los amantes, no hay de ellos ningún elemento físico, ninguna alusión al cuerpo: se habla de “algo”, de “ese algo que se sospecha” pero que se hace innombrable; las palabras envuelven en un velo de misterio eso que llamamos amor. En el viejo mito Psique puede amar a Eros, en tanto este no revele su rostro, que podría ser el de un bello amante o un monstruo temible. En este episodio el amor es acontecimiento y trastorna la existencia pero no puede ser descrito, pese a los esfuerzos de Aureliano, que espera que su hermano le cuente “todo” en multitud de detalles.
Del amor y su arrebato solo sabemos lo poco que puede saber un amante, o sea nada, salvo eso de que su existencia ha sido trastocada: se habla de un lugar sin formas, de ser zarandeado como un costal de papas y ser volteado al derecho y al revés y de que le sobraban los brazos. Solo en medio de este arrebato, en este ritual, el joven José Arcadio toma conciencia de su cuerpo, de sus brazos, de sus riñones, de sus tripas. Lo más desesperante para un lector intolerante es que el lenguaje tome la forma de un discurso que transforma la experiencia humana en un juego verbal en donde las palabras y los verbos y las imágenes se retuercen con voluntad propia, hasta poner el mundo de cabeza, como dice el texto: “confusamente consciente”.
¿Puede hablarse del amor con el lenguaje con el que se lavan los más humildes tubérculos? Aquel “lo zarandearon como un costal de papas” nos recuerda que los lavadores de papas, las lavan dentro de un costal que humedecen una y otra vez y que golpean contra el piso. Quizá en otros contextos el amor sea una experiencia llena de pasiones angelicales, almohadones de plumas y esquelas perfumadas. En GGM y en esta obra es un duro ajetreo, del que como dice este pasaje solo queda un “silencio exasperado” y una soledad espantosa”. No veo cómo puedan las “Madres por la Libertad”, de la extrema derecha, tolerar semejante afrenta.
Referencias
- CNN (2023) Moms for Liberty founders defend fight to prohibit books in school libraries. [Entrevista] Con acceso a enlace de Youtube.
- García Márquez (2025). Cien años de soledad. Penguin.
- PEN America. (2024). Nearly 700 books, including celebrity bestsellers, banned in Orange County, Florida. [https://pen.org/books-banned-orange-county-florida/]
- PEN America (2025) The Normalization of Book Banning. Banned in the USA, 2024-2025. [https://pen.org/report/the-normalization-of-book-banning/#heading-3]
- Virginia Court - Alexandria District (2025). Memorandum Order: Civil Action No. 1:25-cv-637. [https://drive.google.com/file/d/1iKxUEllBpsap4cmH_vfWtzv0h069jkSc/view]