Tejiendo la interseccionalidad crítica en las pedagogías: hacia horizontes de liberación de los pueblos
Palabras clave:
colonialidad, interseccionalidad crítica, pedagogías críticas, resistencia, subjetividadesResumen
Este artículo propone profundizar la pedagogía contemporánea desde una perspectiva “interseccional crítica”, articulada con tradiciones emancipatorias, anticoloniales y antiimperialistas. Recuperamos en este trabajo las perspectivas feministas latinoamericanas o del Abya Yala para comprender la experiencia de las mujeres con quienes hemos trabajado y compartido espacios y comprender también nuestra propia experiencia, mi propia historia y experiencia como mujer latinoamericana. El trabajo señala que los procesos educativos se desarrollan en contextos atravesados por múltiples opresiones —de clase, raza, género, colonialidad— que impactan en la constitución de los sujetos pedagógicos. Retoma aportes de bell hooks[1], quien amplía la pedagogía crítica incorporando el feminismo negro y el antirracismo, y dialoga críticamente con Paulo Freire, cuyas limitaciones en torno a las perspectivas del género han sido señaladas por diversas autoras y reconocidas por él mismo. Asimismo, recupera contribuciones de Angela Davis, Leila González y pedagogos críticos como Apple y Da Silva, quienes, aunque sin nombrar la interseccionalidad, aportan enfoques relacionales sobre las desigualdades. Se enfatiza la necesidad de superar visiones sumativas y comprender la complejidad dinámica de las opresiones. El texto también aborda la constitución de subjetividades en contextos coloniales, a partir de Fanon, Zemelman y autoras palestinas como Shalhoub-Kevorkian y Jabr, destacando la resistencia cotidiana (sumud) y el papel del cuerpo como registro colonial. Finalmente, propone la “rebeldía”, inspirada en el zapatismo, como horizonte político-pedagógico: una práctica colectiva, situada e interseccional que articula autonomía, producción de saberes y transformación social en las pedagogías críticas.
[1] Es el apodo literario de Gloria Jean Watkins.. Con las dos palabras en minúscula esta feminista afroamericana eligió deliberadamente escribir su nombre literario en homenaje a su bisabuela materna, Bell Blair Hooks. La decisión de usar minúsculas tenía un sentido político y autoral: desplazar la atención de la persona que escribe hacia las ideas y la obra. hooks explicó que no quería que el nombre propio se convirtiera en el centro de la discusión; lo importante eran los contenidos y las conversaciones que sus textos podían generar.
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